Con las orejas gachas,
la mirada perdida,
un pesar en el alma,
por vestimenta mil y una desdichas.
A lágrima tendida,
por lo que fue,
por lo perdido,
sin saber a ciencia cierta si se cumplió el compromiso.
Te gustaría verme marchar, así,
destrozado, avergonzado,
creyéndome no merecedor de lo entregado.
Sin embargo mira mi caminar,
alegre, bailarín, sin necesidad de pensar en ti,
con la frente bien alta,
brillo en la mirada y sonrisa despreocupada,
que ya hice valoración de lo entregado y recibido,
y llegué a la conclusión infranqueable,
entregué sin esperar,
recibí agradeciendo,
fuí honesto conmigo y no me arrepiento.
Te gustaría verme marchar...
