Cuantas veces de labios ajenos desenamorados, hemos escuchado
"No creo en el Amor, es cosa de soñadores innatos",
contradiré cada palabra con humor sano,
que los soñadores también tienen lucidez en lo mundano.
¿Quién te humilló? en público para más escarnio,
¿fue el Amor quién saboreó tus labios?,
pues piensa que el Amor siempre estuvo de tu lado.
Las palabras que te halagaban, endiosaban, hacían dulce de la vida los latigazos,
¿Las pronunciaba el Amor o quien buscaba regar el huerto de tu amor?
dale las vueltas que desees, pero te engañó el hombre no del Amor las exquisiteces.
De esta manera resumo,
que el Amor no es dañino ni superfluo,
que nos agarramos a un clavo ardiendo,
y cuando necesitamos ser amados,
cualquier palabra de un pasmarote,
nos causa desmayos.